Pelos en la lengua

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La eterna paranoia de un ser común

Ella estaba sentada en un refugio de colectivos, con la mirada perdida en un punto fijo. 

Él llega con pasos apresurados. Ella escucha el ruido de sus zapatos, pero decide no moverse.

Él la observa, inquietamente revisa su reloj y mira a la dirección que apuntan los ojos de la muchacha.

-Disculpame -le dice- ¿hace mucho que estás esperando?

Ella finalmente se vuelve a mirarlo, con nostalgia en los ojos. Sus pupilas se encuentran.

-Sí- responde- y el amor de mi vida todavía no llega.

Él, sorprendido por sus palabras, se conmueve al ver su triste rostro. Ella le regala una sonrisa.

En ese instante, el colectivo que esperaban se presenta. Abre sus puertas, él le hace un gesto amable para darle paso. Ella sube esperando volver a escuchar sus pasos tras de sí, pero se voltea a mirarlo al darse cuenta que se queda en la calle.

-No esta vez, no es hoy.- dice él.

La puerta se cierra y el colectivo arranca, dejándolo atrás. 

Noche sola, solitaria

llena de pasos perdidos.

La luna esclava del cielo

y yo, en el suelo

prisionera de la nada.

La lluvia golpea la ventana

como golpean tus manos 

el recuerdo de mi nombre.

Y todas tus palabras

decorando el aire

con consecuencias

que nunca supiste entender.

Esos labios que solían rozarme

ahora duermen, ahora callan.

No sé si quedarme con el recuerdo de lo que fue

o imaginarme lo que podría haber sido…

Sin nadie que me espere

armo las valijas

y en la vida me dedico a vivir.

Tal vez egoístamente

voy dejando atrás 

lo que me hizo sufrir

y aquellas últimas lágrimas

que lloré en su nombre.

No tengo un destino,

el tiempo me dirá hacia dónde ir.

Solo sé que el retorno no es una opción.

No se debe volver atrás

sobre el suelo de espinas

que una vez llagó tus pies.

Tal vez sea aún peor

lo que queda por recorrer

pero pretenderé ser fuerte

y no haber amado

ni haber llorado 

para soportar lo que fue y será.

Respirar, abrir los ojos.

Abrazando al viento

dejar atrás los sentimientos

y volver a ser.

Algo pasó

lo admito,

todo se quebró.

Y en algún lugar dejé

la falsa calma de tus besos.

Inspirar y exhalar

una vez más

de cara al espejo

y extirpar lo de adentro

para seguir viviendo. 

A veces siento que camino entre miradas vacías, 

con los pies cerca del pavimento

pero deseando otra atmósfera.

Levanto la mirada, sin cruzarla con nadie

y agachando la cabeza sigo caminando.

A veces me pregunto si cada paso

algún día tendrá sentido,

pero una vez me dijeron que todos buscamos un destino

y prefiero creerlo.

Pensar que te había creado un mundo

solo me hace no tener ganas de pensar

ni de sentir, ni de intentar.

Todavía no puedo entender

cómo no pudiste luchar

cómo bajaste los brazos

jurando cosas que nunca sucederían.

Pensar que había un espacio en mí

dedicado a cuidarte

y lo fuiste cerrando 

hasta que sólo quedó

un hueco en el alma

imposible de tapar.

Pensar que me gusta pensar

que superé lo que pasó

y realmente lo que necesito

es empezar a sentirlo. 

La vida es más que un manojo de situaciones;

la gente, más que cuerpos de contenido aleatorio.

En algún lado se refugia el alma, lo sé, 

sólo que a veces no sabemos mirar.

Oir

¿Escuchás?

Es el silencio presente.

Tu mirada en mis ojos,

mis labios en tus besos

Shhh, escuchá,

no cortes el momento.

Solo escuchá

lo que no necesita voz

y dejá que hable el tiempo.

Conmigo

Qué difícil es convivir conmigo misma. 

Convivir conmigo tratando de entender a la gente.

Convivir conmigo y la sociedad que me dice cómo ser.

Convivir conmigo y estos pensamientos que me acechan y me generan dudas.

Qué difícil es aprender a convivir conmigo ahora que ya no estás.

Pero cuánto más difícil es convivir con el recuerdo de lo que fue.